Cuánto cuesta de verdad un jardín
Pregunta incómoda: de tus clientes de mantenimiento, ¿cuál te deja más margen? La mayoría de las empresas de jardinería contesta por intuición. Y la intuición, en este oficio, suele estar equivocada — porque el jardín que más molesta no es el que más cuesta, y el cliente más simpático no es el más rentable.
Los dos números
Para saber lo que cuesta un jardín solo hacen falta dos cosas, y ninguna es complicada:
- Las horas reales que se han trabajado allí. No las presupuestadas: las que de verdad se estuvieron.
- El material que se ha comprado para ese jardín. Abono, plantas, riego, una pieza de la bomba.
Con eso, y con lo que facturas, ya tienes el margen. Lo difícil no es la cuenta: es tener el primer número sin que nadie lo apunte a mano.
El error que más dinero esconde
Cuando se ficha por cuadrilla, es muy fácil confundir dos cosas distintas: las horas que ha estado una persona y las horas de mano de obra que ha consumido el jardín. Si un encargado ficha tres horas por un equipo de cuatro, el jardín ha consumido doce horas de mano de obra, pero esa persona ha trabajado tres.
Mezclarlas tiene consecuencias en los dos sentidos: si multiplicas cuando no debes, el registro horario de tu gente queda inflado y deja de servir como registro. Si no multiplicas cuando debes, el coste del jardín parece la cuarta parte de lo que es y crees que ganas dinero donde lo pierdes.
Son dos preguntas diferentes que necesitan dos respuestas diferentes, aunque salgan del mismo fichaje.
Lo que aparece cuando por fin lo mides
Cuando una empresa empieza a ver las horas reales por jardín, casi siempre aparecen las mismas tres cosas:
- Dos o tres clientes que consumen el doble de lo presupuestado. Normalmente son antiguos, con un precio que se puso hace años y una parcela que ha crecido.
- Desplazamientos que nadie contaba. Un jardín pequeño a veinte minutos puede costar más que uno grande al lado del almacén.
- Trabajos extra que se hicieron y no se facturaron. Este es el que más duele, porque es dinero que el cliente habría pagado sin discutir.
Cómo empezar sin montar nada
Si quieres una primera foto antes de cambiar de sistema, coge el mes pasado y, para tus cinco clientes principales, apunta las horas que crees que se han dedicado y las que facturas. Luego pregúntale al encargado. La diferencia entre las dos cifras suele ser la respuesta a por qué el año no cuadra.
A partir de ahí, lo único que hace falta es que las horas se apunten solas en el momento, y no de memoria el viernes. Eso es exactamente lo que hace el fichaje por jardín — y de paso te da el registro horario que la ley te pide de todas formas.